(Alvear ya) -Una familia bolivarense fue víctima esta semana
de una singular modalidad delictiva, experiencia que, por fortuna, terminó sin
mayores consecuencias. Por poco fueron estafados mediante un ardid telefónico,
y dieron a conocer su caso a través de las redes sociales, para alertar a la
comunidad ante situaciones similares.
Edith Allassia, docente y directivo de una
escuela pública de nuestra ciudad, recibió el lunes pasado un llamado
telefónico en su domicilio en el que una supuesta autoridad policial le
manifestó estar en presencia de un allegado que había sufrido un accidente. Una
vez logrado obtener determinados datos por parte de la mujer, cambió el tenor
de la comunicación aduciendo que habían secuestrado a su hijo por lo que le
pedían rescate. Edith lo cuenta: "el lunes llegué a mi casa más o menos a
la una y media de la tarde. Sonó el teléfono fijo, lo atendí y un hombre me
dice ser el comisario 'x', de tal lugar -me da todos los datos, con voz fuerte
y creíble-, hubo un accidente entre una camioneta y dos autos, y hay una
persona irreconocible.
Esa mañana, mi hijo había viajado a Buenos Aires a las 7
de la mañana, con la neblina, y si bien sabía que había llegado la situación me
preocupó".
De acuerdo a Edith, el hombre al teléfono la
consultó sobre si la supuesta víctima podía ser su esposo y ante la respuesta
negativa de su parte escucha la voz de un muchacho que llorando dice 'mamá,
mamá'. "Yo pensé, 'hubo un accidente, es posible que sea mi hijo'. Le
pregunto 'hijo, ¿dónde estás?' y me responde 'no sé mamá donde estoy'. Cuando
le digo 'Jeremías, ¿cómo no sabés donde estás?, el que llamó inmediatamente me
dice 'lo tenemos secuestrado a Jeremías, apague su celular y dígale a su esposo
que me llame a este número".
Edith y su esposo -Oscar Casali- siguen al pie
de la letra las instrucciones. Ella permanece a la escucha en el teléfono fijo
y su esposo llama al celular que le indicaron, hablando con los secuestradores
en forma simultánea. "El hombre me dice 'salí afuera, que el tarado de tu
esposo está tardando mucho, y subí a la camioneta', que efectivamente estaba
estacionada frente a nuestra casa. Ahí pensé que nos estaban mirando pero
resulta que el que hablaba con mi esposo sabía de la camioneta porque mi esposo
le había dicho eso. Esto marca que estaban comunicados entre sí", cuenta.
Les pidieron una suma de dinero como rescate y
que la depositaran en Western Union. El matrimonio les dice que no existe esa
posibilidad en Bolívar, por lo que los delincuentes les preguntan por las
ciudades más próximas para llevarla hacia una de ellas. Edith y su esposo salen
a cargar nafta antes de subir a la ruta y, camino al Automóvil Club, ella se
baja en el club Empleados a pedirle dinero a un conocido suyo ya que no habían
reunido la suma pedida con fondos propios.
Salieron rumbo a Saladillo, a entregar el
rescate, siempre con el supuesto captor en comunicación telefónica con su
esposo. Entre ambos, mediante señas, se ponían al tanto de lo que el hombre
hablaba con el delincuente; Oscar le indica que quiere escribir y mediante ese
método le dice 'cuando lleguemos a Saladillo lo llamás a Jeremías de un fijo
para saber si está bien'.
"En un momento Oscar logra que le pasen en
comunicación a 'Jeremías' y, entre otras cosas, le pregunta, 'hijo, te gusta
tomar mate'. Moviendo los labios me dice enseguida: 'no es Jeremías'. Aprovechando
que la comunicación se cortaba en la ruta por una cuestión de señal, me explica
que el joven al teléfono le responde que no le gustaba tomar mate cuando
nuestro hijo había tomado con nosotros antes de salir de viaje. Ahí es cuando
paramos en la estación de policía caminera que hay en el acceso a General
Alvear para llamar a Jeremías", sigue contando Edith.
Le refieren el hecho a los efectivos policiales
y ellos llaman al muchacho. Cuando el chico les responde que está bien (las
personas a las que habían pedido dinero prestado en Bolívar ya lo habían
llamado para saber si estaba ileso y libre), que no fue víctima de ningún
secuestro ni sufrió ningún accidente, se tranquilizan y dan cuenta que todo fue
un intento de estafa. Los delincuentes no se volvieron a comunicar con ellos.
Volvieron a Bolívar sin haber entregado el
dinero e hicieron la denuncia ante la Comisaría local, desde donde refirieron
el caso a Fiscalía. Las primeras inteligencias del caso determinaron que uno de
los teléfonos desde los que habían llamado era característica de Córdoba, de la
compañía Claro, y que el otro no figuraba registrado.
La idea de contar su caso mediante las redes
sociales obedece a poner en alerta a toda la comunidad que este tipo de
situaciones se dan también en nuestro medio y que, sabiendo esto, una familia
puede reaccionar de otra manera ante una circunstancia similar.
"Por más que uno esté alerta y sea
desconfiado, los delincuentes se perfeccionan cada vez más y esto es lo
preocupante", dice Edith, quien no cree que los delincuentes hubieren
realizado algún tipo de inteligencia previa antes de elegirlos como víctimas. Más
bien considera que se trató de un ardid 'al voleo'.
Cuando radican la denuncia en Comisaría les
informan que el mismo día había ocurrido un caso similar.
"Por suerte no pasó nada, pero este tipo
de hechos alarman mucho", dice a modo de cierre. "Hay que estar
atentos y cuidarnos entre todos", finaliza.
